La vía de la verdad

azar

Pasará aún algo de tiempo antes de que podáis leer sobre el penúltimo “cállate y toma mi dinero” del mercado lúdico, probablemente más tiempo antes de encerrarme en el laboratorio y calcular el peso atómico del plástico del próximo juego de FFG e indefectiblemente mucho más tiempo antes de vestir el hábito de amanuense franciscano que copia con infinita paciencia reglamentos de juegos en el blog. Lo lamento. “El jugador” no será ese tipo de blog. Y no porque no considere ese tipo de contenidos como necesarios o útiles –no hace falta reseñar aquí el éxito de todos esos blogs y ya sabemos cómo el éxito tiende a repetir paradigmas – sino porque no sé realmente qué de nuevo u original podría aportar yo a esos contenidos. Esta bitácora no es más que el lugar de mi catarsis como jugador que redescubre de repente la pasión y el placer del juego, y su metafísica, entendida esta en el sentido puramente etimológico del término como “más allá de su naturaleza”. Y es el lugar de mi lúbrica, obscena, lujuriosa obsesión por la diosa fortuna. Sí, mis queridos camaradas, habrá suerte. Mucha suerte. Y azar. También azar. Tanto que, una vez a salvo, nadie en su sano juicio trataría de tomarse en serio esta vida, este blog, este jodido y apasionante juego.

(Bravo, Zagorianski, ya en tu segunda entrada acabas de perder como lectores a la legión de sesudos jugadores de Caylus. A eso se le llama empezar con buen pie).

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